Bombero con 19 años, cruzó cuatro océanos a remo y caminó 1.200 kilómetros hasta el Polo Sur. Este verano afronta un nuevo reto en el Ártico.
Antonio de la Rosa tiene 57 años, nació en Valladolid y lleva más de década y media haciendo expediciones en solitario por los lugares más remotos del planeta.
A los 23 años se alzó como Campeón de España de Quadratlón y se convirtió en referente internacional en los raids de aventura, siendo durante ocho años capitán del equipo Red Bull en esa modalidad, con decenas de victorias en todo el mundo.
Ha cruzado de Laponia a Finlandia (1.000 km) con esquís de fondo, el Atlántico a remo, ha cruzado Alaska (1.700 km) a pie y con esquís, el Pacífico (4.700 km) en paddle surf y el Antártico a remo desde Cabo de Hornos hasta las Georgias del Sur.
La expedición más arriesgada fue la del Antártico, donde sufrió vuelcos de 360 grados en la embarcación, rotura de equipos electrónicos e inundación del barco, en el océano más duro del mundo y sin apoyo real del barco que le acompañaba.
Para este verano, tiene una nueva aventura en el horizonte, una travesía en paddle surf por el círculo polar ártico. Todo ello compaginado con la gestión de su empresa de aventura Meridianoraid y una filosofía de vida que resume con una frase: las personas más felices no son las que más tienen, sino las que menos necesitan.
De las piscinas de San Sebastián de los Reyes al océano más remoto
Nuestra ciudad tiene un lugar concreto en la trayectoria de Antonio de la Rosa. Con 18 años, recién llegado de Valladolid, trabajó dos veranos como socorrista en la piscina municipal. Fue en el polideportivo Dehesa Boyal donde se preparó para superar las oposiciones que lo convertirían en el bombero más joven de la Comunidad de Madrid con apenas 19 años. "Conseguí entrar de bombero gracias a haber entrenado en el polideportivo de Sanse", recuerda. Su madre sigue viviendo hoy en el municipio.
Los años como bombero le dieron una base física y una relación habitual con situaciones de riesgo. Pero la inquietud le llevó pronto a otros territorios. Capitán del equipo internacional de aventura Red Bull, sus viajes se fueron multiplicaron hasta el punto de que la excedencia que se pidió terminó siendo definitiva. Montó una empresa de multiaventura, que con el tiempo ha crecido hasta convertirse en su sustento principal. "Mi objetivo siempre fue organizarla de tal manera que yo fuera completamente prescindible", explica. Esa autonomía le ha permitido dedicar largas temporadas a sus expediciones sin que el negocio se resienta. "Uno de los objetivos en esta vida es ser feliz, y si no consigues hacer las cosas que te llenan, de qué te vale tener mucho dinero en el banco", reflexiona.

Cuatro océanos, un polo y una ceguera en la nieve
El Atlántico fue el primer océano, en una competición en solitario a remo en la que salieron 18 participantes. El Pacífico llegó después, en una travesía de 76 días desde San Francisco hasta Hawái sobre una embarcación tipo paddle surf. Le siguieron el Ártico y la Antártida. Solo le queda el Índico, que tiene en el horizonte antes de cumplir los 60. "Más pronto que tarde estaré cruzando el océano Índico", asegura.
Si hay una expedición que ocupa un lugar especial en su memoria es la última travesía al Polo Sur. Durante aquella aventura se quedó ciego temporalmente por la refracción de los rayos ultravioleta en la niebla. "Los días de niebla, la radiación UV es un 30% superior a un día despejado, un dato que yo ni conocía", explica. Para poder continuar necesitó encerrarse tres días en la tienda de campaña hasta recuperar la vista, tras consultar con un oftalmólogo por teléfono satelital. "Si él me hubiera dicho que necesitaba ir a un hospital, no me lo pienso y me voy. No voy a arriesgar una expedición por quedarme ciego." Además de la ceguera, perdió 16 kilos y su barco de apoyo lo abandonó en mitad del océano Antártico. Aun así, llegó, caminando 1.200 kilómetros y arrastrando un trineo.
"Había soñado llegar al Polo Sur durante 15 años. Haber conseguido un objetivo que has perseguido tanto tiempo te hace muy feliz."
Este verano, el paso del Noroeste en paddle surf
El próximo reto llevará a Antonio de la Rosa al Ártico este verano. La expedición en paddle surf le conducirá hasta el círculo polar ártico siguiendo el paso del Nordeste. Actualmente alterna entrenamientos en Sierra Nevada para adaptarse a la altitud con sesiones de remo en la costa. "El físico es muy importante, pero cuando estoy cerca de una aventura intento ponerle más horas, más dedicación, hacer entrenamientos más enfocados en la actividad que voy a realizar", explica sobre su método de preparación.
La comunicación con el exterior durante las expediciones ha cambiado mucho con la tecnología. "Con un simple teléfono satelital puedo hablar con la familia desde el Polo Sur o desde el centro del océano Antártico", señala. Además, lleva siempre un dispositivo de posición satelital público que permite a cualquiera rastrear su ubicación en tiempo real. Quienes quieran seguir la expedición de este verano podrán hacerlo a través de sus redes sociales.

Vivir con lo básico
"He estado 76 días cruzando el Océano Pacífico viviendo en un espacio de un metro por dos metros. No necesitaba nada más."
Sus expediciones tienen también una dimensión medioambiental. Su barco oceánico se llama Ocean Defender, y en su travesía por el Pacífico encontró basura flotando a más de 2.000 kilómetros de la costa. "El barco se me quedó trabado con una soga grande que habría tirado algún barco, con trozos de redes", recuerda. Por eso insiste en que nunca llevaría a cabo una una aventura que no sea sostenible, algo que traslada también a su vida cotidiana en una casa en la Sierra de Madrid con placas solares y agua de pozo.
Esa misma lógica de prescindir de lo superfluo impregna el mensaje que lleva a sus conferencias sobre consumo responsable. "Estamos en una sociedad de consumo en la cual mucha gente no sabe que la mitad del planeta no tiene agua corriente ni luz en sus casas, y hay un 40% que vive con menos de 70 euros al mes."
La aventura, para él, funciona también como argumento: "Hay que mostrar a la sociedad que no pasa nada por dormir en una tienda de campaña, por estar en el campo sin un teléfono móvil enganchado todo el día. Salir de la zona de confort es algo muy importante que esta sociedad tiene que aprender."
Toda esa filosofía de prescindir de lo superfluo, de aprender a vivir con lo básico y de encontrar sentido en los lugares más inhóspitos del planeta, es también el hilo conductor de ‘Soy agua’, el libro que ha publicado junto al periodista Isaac Fernández en Ediciones Desnivel. Un proyecto que los dos llevan construyendo desde 2009 y que arranca en el río Pisuerga, donde Antonio de la Rosa empezó a hacer piragüismo con 12 años, para trazar desde ahí un recorrido hasta las inmensidades del Atlántico, el Pacífico y la Antártida. El título no es casual, ya que el agua, en todas sus formas, ha sido siempre el hilo conductor de su vida. Hay también un documental sobre su expedición al océano Antártico, que recoge algunos de los momentos más duros de su trayectoria y que espera encontrar plataforma o cadena de televisión que lo emita. Mientras tanto, él ya tiene la cabeza puesta en el Ártico.
La Plaza de Sanse