Florencia, 1420: la ciudad que pugna por ser la nueva Roma tiene todos los ojos de sus enemigos puestos en su asignatura pendiente: cubrir la recién ampliada catedral de Santa María del Fiore. No había madera en toda la Toscana para la estructura de casi 45 metros de diámetro. Un orfebre, que hacía relojes, sin haber construido nada, inspirado en el panteón de Agripa, logró la hazaña diseñando una cúpula autoportante de ladrillo, y así, gracias a Brunelleschi, el primer arquitecto moderno, y a Florencia; la historia abrazó el Renacimiento. Su idea de arquitectura centralizada inspiraría a varias generaciones de arquitectos, llegando al Barroco, momento en que Bernini coge el relevo de la genialidad, trayendo la teatralidad y el trampantojo a esos mismos espacios.